Es difícil resumir en unas pocas líneas la vasta y dilatada historia de la Real Villa de Teguise, uno de los lugares más antiguos de las islas que conserva casi intacto el sabor y la parsimonia del paso de los siglos.
Se levanta en las inmediaciones de lo que fue la prehispánica aldea de Acatife. Su fundación data de principios del siglo XV: en ella residió Maciot de Bethencourt con la princesa Teguise, hija del rey Guadarfía.
Fue capital insular y sede del marquesado de Lanzarote, instituido por Agustín de Herrera; contó con creciente población, lo que atrajo a numerosos piratas que arrasaron e incendiaron muchas de sus edificaciones en diversas oportunidades. El Callejón de la Sangre recuerda constante- mente una de las matanzas ocurridas en la Villa; en tales ocasiones, el Castillo de Guanapay, una vez construido, y la Cueva de los Verdes eran los refugios a que recurrían sus habitantes.
Hay registros parroquiales del siglo XVI que hablan de la antigüedad de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe; y en Teguise se fundan conventos de franciscanos y dominicos, que levantaron sus paredes cerca de las casonas señoriales.
En el siglo XIX Arrecife pasa a ocupar la capitalidad que ostentara Teguise.