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| Reserva de la Biosfera | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Lanzarote fue declarada Reserva de la Biosfera en octubre de 1993 por la UNESCO, el organismo de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura. César Manrique, artista polifacético comprometido con su tiempo, fue uno de los grandes impulsores de la declaración, proceso que no llegó a ver culminado al perder la vida un año antes. Una de los aspectos tenidos en cuenta para la declaración fue la obra de César Manrique de intervención en el espacio e integrada en él, todo un ejemplo de estrecha asociación entre el arte y la naturaleza.
Bajo la tutela de Manrique, se produjo un importante y cualificado desarrollo turístico fundamentado en los valores naturales y culturales. Tanto es así, que Lanzarote se ha convertido en un ejemplo a imitar para el resto de las Islas Canarias y, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, para los territorios insulares de todo el planeta que aspiran a alcanzar cierto nivel de desarrollo turístico preservando, a la vez, su valioso patrimonio. A juicio de las Naciones Unidas, Lanzarote reúne los requisitos exigibles a una Reserva de la Biosfera, pues ha alcanzado un alto grado de desarrollo económico de la mano de la industria turística manteniendo, a la vez, un importante nivel de preservación de los recursos naturales y los usos tradicionales. Lanzarote aporta aspectos originales a la 'Red Mundial de Reservas de la Biosfera. Destaca la integración en el territorio de la creación artística en cuanto elemento que refuerza la cultura propia, generando a la vez un valor añadido como recurso turístico. Aporta, asimismo, una mejora estética y una significativa rentabilidad económica asociada a la recuperación de espacios degradados.. Por último, el consenso existente en torno a la declaración supone la existencia de una conciencia colectiva que fortalece un proceso hacia el desarrollo sostenible, libremente asumido por las instituciones públicas y la población. La Isla posee altas cualidades ambientales y cuenta con la presencia de ecosistemas representativos, todos los cuales se encuentran protegidos a través de diversos instrumentos legales. Por si fuera poco, alberga enclaves altamente protegidos a modo de laboratorios puros con los que afrontar el reto derivado de la declaración de Reserva de la Biosfera Cerca de 100.000 habitantes residen en Lanzarote, un territorio de grandes contrastes. Su clima, sus playas, su moderno parque alojativo y la impronta de César Manrique, convierten la Isla en un destino privilegiado. Llana y volcánica, predominan los campos de lavas surgidos, sobre todo, tras las erupciones volcánicas acontecidas en el primer tercio del siglo XVIII, parte de las cuales integran el Parque Nacional de Timanfaya. Apenas llueve en Lanzarote. Este aciago condicionante ha determinado no sólo un paisaje árido, sino que ha ejercido una enorme influencia sobre el modo de vida de sus habitantes, denominados popularmente conejeros. La manera como los agricultores se las han ingeniado para sacar provecho de la tierra ha dado lugar a un paisaje agrario muy original, dominado por mantos de ceniza volcánica que el labrador extiende con el fin de proteger las tierras de cultivo de los rayos del sol, reteniendo, a la vez, la humedad de la noche. Al incorporarse Canarias a la corriente del turismo internacional, las bellezas de Lanzarote comenzaron a ser exploradas y valoradas, hace 30 años. Con el decidido apoyo del Gobierno Insular -Cabildo de Lanzarote- y bajo la dirección artística de Manrique, los isleños descubren plasticidad y textura donde antes sólo veían escoria, reforzándose los rasgos básicos del carácter de la Isla: su arquitectura popular, el paisaje agrario y la recia personalidad de su naturaleza aparentemente inhóspita. Surge así la Red de Centros de Arte, Cultura y Turismo, que evidencian que la mano del hombre es capaz de ponerse al servicio de la naturaleza para disfrute de los seres humanos. Desaparecen los grandes carteles publicitarios de los márgenes de las carreteras y el propio Manrique inicia una incatalogable labor didáctica entre la población, que pronto adquiere un alto grado de sensibilización. Los años 80, y su acelerado crecimiento, pusieron en riesgo el crédito alcanzado por Lanzarote en los esquemas de gustos y preferencias de quienes hacían turismo. Se trataba de un producto irrepetible y, por ello, también apetecible para muchos inversores. La población, con Manrique a la cabeza, ofrece resistencia al rapidísimo proceso de transformación económica, social y cultural que se abalanza, reclamando sensatez, cordura y mecanismos de freno. Así se aprueba en 1991 un Plan Insular de Ordenación del Territorio, el cual constituye un novedoso instrumento de planeamiento integral que establece límites y ritmos racionales al crecimiento. En la actualidad la oferta registra el 80% de ocupación anual en un parque alojativo que ronda las 55.000 plazas hoteleras y extrahoteleras. A la sombra del Plan Insular de Ordenación del Territorio se apaciguó la vorágine acaecida en la década pasada. Recientemente, la Ley de Espacios Naturales, aprobada por el Parlamento de la Comunidad Autónoma Canaria, protegió 12 territorios que, junto con el Plan Insular y la Reserva Marina de Pesca del Archipiélago Chinijo, garantizan un alto grado de protección de los recursos naturales, los cuales, conjuntamente, dan soporte a la declaración de la Reserva de la Biosfera. Más del 80% de los aproximadamente 800 kilómetros cuadrados de superficie de la Isla gozan de algún nivel de protección. Ido Manrique, paradójicamente en accidente automovilístico -una consecuencia del progreso mal entendido que tanto criticó en vida- aún resuenan las palabras del discurso que debía pronunciar días después de su muerte con motivo del Día Mundial del Turismo, y que permanece vigente como un legado a todos sus paisanos, lo que se conoce como el último grito de César Manrique. Había escrito: "Vivimos tan corto espacio de tiempo sobre este planeta que cada uno de nuestros pasos debe estar encaminado a construir más y más el espacio soñado de la utopía. Construyámoslo conjuntamente: es la única manera de hacerlo posible". Con él ya se practicaba el desarrollo sostenible desde mucho tiempo antes de que la Cumbre de Río de Janeiro popularizara, en 1992, el término. Hoy, toda la comunidad lanzaroteña es consciente de que es heredera del legado de Manrique, y que a todos corresponde velar por el éxito del proyecto diseñado en los años sesenta para edificar una Isla de futuro. Con el aval de la Unión Europea, el Gobierno Insular acomete hoy día una Estrategia de Desarrollo Sostenible que profundiza en la declaración de la Reserva de la Biosfera. Pretende compaginar la calidad de vida y el progreso de la población con la preservación de los recursos naturales. La primera de las medidas propuestas ha sido una moratoria al crecimiento turístico en los próximos 10 años. |
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